Cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental invita a poner el bienestar emocional en el centro de la conversación. Y considerando que una parte de nuestra rutina transcurre trabajando, también es una oportunidad para preguntarnos cómo estamos enfrentando las exigencias, preocupaciones y cambios que forman parte de nuestra vida laboral
En Chile, el 12° Termómetro de Salud Mental ACHS-UC muestra que un 18,5% de las personas presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental, la cifra más alta registrada en los últimos cuatro años.
Las preocupaciones asociadas al trabajo también forman parte de este escenario. El mismo estudio señala que el temor a perder el empleo aumentó 24,7%, cinco puntos más que en 2025. Además, un 23,3% declara altos niveles de estrés ante la posibilidad de que la automatización o la inteligencia artificial afecten su estabilidad laboral o la de algún integrante de su hogar.
Esta incertidumbre también aparece en los estudios de Randstad. Según Workmonitor 2026, un 56% de los trabajadores en Chile manifiesta preocupación por el impacto que el contexto económico puede tener sobre su seguridad laboral.
Frente a este escenario, incorporar hábitos de autocuidado laboral puede ayudar a reconocer nuestros límites y construir una relación más saludable con el trabajo.
5 consejos para cuidar tu salud mental en el trabajo
Cuidar el bienestar durante la jornada no requiere necesariamente grandes cambios. Muchas veces, comenzar por identificar qué situaciones generan mayor tensión, revisar nuestros hábitos y establecer límites más claros puede marcar una diferencia.
Estas son algunas prácticas que pueden ayudarte a fortalecer el autocuidado en el día a día laboral.
1.- Reconoce las señales de sobrecarga
El cansancio después de una jornada exigente puede ser normal. Sin embargo, cuando se vuelve persistente, aparecen dificultades para concentrarse, aumenta la irritabilidad o sentimos que nunca logramos desconectarnos, conviene prestar atención.
Reconocer estas señales permite revisar nuestra rutina antes de que el malestar se prolongue en el tiempo.
“¿Estoy más cansado de lo habitual?, ¿Me he sentido más irritable últimamente?, ¿Cuál fue la última situación que me hizo sentir frustrado?”, son muy buenas preguntas para responder e identificar los momentos en ha habido malestar y qué fue lo que lo gatilló.
2. Protege el equilibrio entre trabajo y vida personal
La conectividad permanente puede hacer que la jornada continúe incluso después de haber terminado.
Definir momentos claros para desconectarse, respetar los tiempos de descanso y proteger los espacios personales son acciones importantes para el bienestar laboral.
Esta necesidad también aparece en los datos de Randstad: el 42% de los trabajadores en Chile ha dejado un empleo por considerarlo incompatible con su vida personal.
3. Organiza tus prioridades de manera realista
Cuando todas las tareas parecen urgentes, puede aumentar la sensación de sobrecarga.
Ordenar prioridades, establecer objetivos alcanzables y conversar sobre plazos cuando la cantidad de trabajo supera el tiempo disponible puede ayudar a enfrentar la jornada de manera más sostenible.
También es importante entender que pedir claridad sobre prioridades no significa rendir menos, sino gestionar mejor las exigencias del trabajo.
4. Incorpora pausas y espacios de desconexión
Hacer pequeñas pausas, levantarse del escritorio, alejarse algunos minutos de la pantalla o respetar el horario de almuerzo puede ayudar a recuperar energía durante la jornada.
El autocuidado también continúa fuera del trabajo. Dormir adecuadamente, mantener vínculos sociales, realizar actividad física o dedicar tiempo a intereses personales contribuye a mantener un mejor equilibrio entre vida laboral y personal.
5. Habla cuando necesites apoyo
No todas las dificultades deben resolverse individualmente. Si una situación comienza a afectar tu bienestar, conversar con una jefatura, compañeros, personas de confianza o buscar orientación profesional puede ser un primer paso.
El 12° Termómetro de la Salud Mental ACHS-UC muestra que un 61% de las personas que presentan problemas generales de salud mental no identifica la necesidad de consultar a un profesional. Al mismo tiempo, entre quienes accedieron a tratamiento durante el último año, un 73,3% reportó una mejora efectiva.
Reconocer cuándo necesitamos apoyo también forma parte del autocuidado.
Las condiciones y el entorno laboral juegan un papel importante en la reducción del estrés y en riesgos asociados a problemas de salud mental
La salud mental también depende del entorno
Cuidar la salud mental laboral no es únicamente responsabilidad de cada persona. Factores como la carga de trabajo, el liderazgo, la autonomía, la flexibilidad o la claridad de las funciones también influyen en nuestra experiencia diaria.
Según el estudio Randstad HR Trends 2026, el equilibrio entre vida laboral y personal se mantiene entre los factores relevantes para fidelizar talento. Esto permite entender que para los trabajadores, contar con condiciones que permitan compatibilizar las responsabilidades profesionales con la vida personal es algo necesario.
A esto se le suma el rol de las relaciones laborales. De acuerdo a Workmonitor, los equipos colaborativos e inclusivos siguen siendo fundamentales para el desempeño, mientras que los líderes adquieren un papel clave para entregar estabilidad y confianza en escenario de incertidumbre.
Por eso, el bienestar requiere un esfuerzo compartido: personas capaces de reconocer sus necesidades y organizaciones que generen condiciones para compatibilizar desempeño, desarrollo profesional y calidad de vida.
Bienestar laboral: más que una conversación de un día
El Día Mundial de la Salud Mental ayuda a visibilizar un tema que atraviesa cada vez más la experiencia de los trabajadores, pero su importancia va mucho más allá de una fecha específica.
Los datos de Randstad muestran que hoy el talento no solo valora el desarrollo profesional, sino también personal; desenvolverse en espacios de confianza y que permitan flexibilidad.
Esto convierte al bienestar laboral en una dimensión permanente de la experiencia de trabajo. Cuidarlo implica prestar atención a nuestras propias necesidades, pero también reconocer que la forma en que trabajamos, nos relacionamos y organizamos el trabajo puede marcar una diferencia en nuestra salud mental.