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Si bien 2018 fue intenso en términos de debate sobre igualdad de género en el país y en cómo lograr un consenso para establecer mecanismos que garanticen derechos con una base equitativa, 2019 podría ser el año en que estas medidas se consoliden en base a los proyectos de ley que están en trámite en el Congreso, a pesar de que aún queda bastante camino por recorrer antes de que estas reformas se aprueben.

En términos laborales, si bien la brecha de ingresos bajó 1,4 puntos desde que se promulgó la Ley de Igualdad Salarial en 2009, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Pensiones, las mujeres continúan ganando 12,4% menos que los hombres, considerando sueldo imponible promedio; mientras que en rubros como pesca, administración de edificios y minería la brecha supera el 27%. 



Al respecto, Natalia Zúñiga, directora de marketing y comunicaciones de la consultora multinacional de recursos humanos Randstad, señala que “los compromisos adquiridos por el Gobierno y diversas empresas e instituciones no han sido suficientes para garantizar entornos en base a la igualdad. De hecho, Chile es uno de los cinco países de la OCDE con mayores diferencias en remuneraciones por género, superado solo por Corea del Sur, Estonia, Japón y Letonia.

Esto nos dice que algo no está funcionando. Si lo vemos desde el punto de vista corporativo, las compañías también deben hacer su contribución generando bandas salariales por cargo fundadas en las competencias de las personas y no por género. En la medida en que las mujeres sigamos siendo más caras para las empresas e Isapres es complejo para el mundo corporativo manejar esta problemática, sobre todo para las MiPymes, que representan el 95% del mundo empresarial”, dice.



De esta forma, “lo esencial es generar un cambio cultural y vislumbrar que existe la disposición de ir acortando cada vez más las diferencias salariales, logrando que las personas que ocupan una misma posición y tienen las mismas capacidades, reciban igual retribución económica.

Hoy, ante este nuevo escenario, es crucial que las organizaciones eliminen los prejuicios respecto a que ciertos cargos son más apropiados para un determinado género. Hay que buscar al trabajador con las mejores condiciones y capacidades para ejercer un cargo; pero mientras estos cambios estructurales no den, es difícil romper la brecha y conseguir igualdad”, enfatiza.



No obstante lo anterior, según el Workmonitor de Randstad que analizó este tema en 2013, Chile es unas de las naciones del mundo con mayor convicción de que una mujer es más apta para dirigir una empresa, con 56,2%, luego de España (56,6%) e India (68,4%).

Siguiendo esta línea, la mayoría de los trabajadores nacionales prefiere ser supervisado por un director o gerente de género femenino; sin embargo, la mayoría cree que no hay suficientes mujeres en puestos de liderazgo en su actual empresa (58,6%). “Y es que nuestra capacidad de gestión ya no está en discusión y tenemos ejemplos de profesionales tremendamente exitosas a nivel empresarial y público”, ratifica Natalia.



En cuanto a otros indicadores de empleo, 2018 no fue un buen año en materia laboral en general. Así quedó reflejado en la última encuesta publicada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que reveló que dicho periodo cerró con una tasa de desempleo de 7%.

Si bien las mujeres lograron subir levemente frente a 2017, aumentando de 49,3% a 49,5%; la mayor presencia laboral la tienen los hombres, con 70,1%. Igualmente, vale la pena mencionar que “este factor está influenciado por un tema cultural, debido a que muchas veces las trabajadoras evitan delegar en otros el cuidado de los hijos, no tienen las redes de apoyo necesarias, o su ritmo de trabajo no les permite estar en horarios adecuados en sus casas, aunque es una barrera que espero poco a poco se vaya superando, en la medida que las empresas trabajen y propicien activamente políticas de conciliación vida-trabajo”, sostiene la ejecutiva.

Por otro lado, la tasa de ocupación informal alcanzó 31,3% en el caso de las mujeres, lo que representa 2,8 puntos porcentuales más que los hombres (28,5%), realidad que las deja fuera del sistema de seguridad social. 

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