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Por Rita González, CEO de Randstad Chile 

Desde que comenzó el segundo mandato de Michelle Bachelet en marzo de 2014, hemos venido escuchando sobre la Reforma Laboral y las diferentes implicancias que ésta podría tener en el mundo del trabajo. Sin embargo, los artículos de esta importante modificación al sistema de relaciones laborales aún no están completamente definidos y hace pocos días el Gobierno ingresó nuevas indicaciones en la Secretaría del Senado, entre las que se encuentra la idea de adoptar una jornada 4x3, es decir, trabajar cuatro días y descansar 3. Este ajuste al documento, que busca “perfeccionar los pactos de adaptabilidad”, ha provocado diferentes reacciones en el ambiente público y privado, las que principalmente apuntan a evaluar si Chile está o no preparado para implementar esta modalidad de trabajo.



Para intentar responder este cuestionamiento, primero debemos tomar en cuenta las actuales condiciones socioculturales y económicas del país, sobre todo considerando los índices de productividad y de flexibilidad laboral. En este sentido, vemos que el nivel de producción en Chile es la mitad del promedio de las naciones que componen la OCDE, a pesar de que los chilenos trabajan 245 horas más al año que la media de los países que la integran. Por otro lado, y de acuerdo a un estudio que mide el grado de rigidez laboral entre los países miembros del mismo Organismo, Chile se sitúa en el sexto puesto del ranking de naciones más restrictivas en relación al despido de personal con contrato regular, ubicándose de nuevo por encima del promedio. Estas cifras ya dejan entrever un escenario que nos permitiría responder la pregunta central. 



A pesar de esta realidad, vale la pena mencionar que, sin duda, tener más días de descanso trae múltiples beneficios, como fomentar la felicidad y la moral de los empleados, aumentar su nivel de motivación y compromiso con la compañía, además de subir los mencionados indicadores de productividad. Sin embargo, creo que la solución a estos y otros asuntos laborales no pasa por tener más o menos horas de trabajo, que en Chile ya son bastantes e igualmente no logramos producir en los niveles de países desarrollados; sino que va por cambiar la mentalidad empresarial, generando una cultura de engagement y trabajo por objetivos, e implementando una evaluación de desempeño por resultados cuantitativos y cualitativos, pero que se apegue fielmente al cumplimiento de las metas propuestas. Solo cuando esto pase, la indicación de la jornada 4x3 cobrará sentido y podría implementarse sin afectar el crecimiento económico de Chile.