Transformación digital: ¿cómo llevarla a cabo?

Las nuevas tecnologías suponen un cambio en la totalidad de necesidades de la empresa y conlleva que todos los empleados deban estar implicados y aporten sus puntos de vista. Por esta razón, es necesario que, desde el inicio, todos los departamentos estén presentes en las diferentes fases del proceso de transformación digital.

Los avances tecnológicos permiten automatizar los procesos consiguiendo una mayor productividad y crecimiento empresarial. Sin embargo, para poder sacar el máximo partido a esas nuevas tecnologías, se requieren empleados que dispongan de conocimientos digitales. Por ello, el hecho de que la transformación digital vaya más allá del departamento de IT e implique a todas las áreas de la empresa supone un reto para integrar estas tecnologías y aprovecharlas de forma óptima.

A esta realidad hay que sumar la rápida proliferación de nuevas herramientas tecnológicas, que requiere una continua adaptación y formación de los empleados. Por todo esto, es necesario cambiar los hábitos en la empresa, su gestión del talento y su cultura.

Implicación de empleados y líderes en la transformación digital
Las nuevas tecnologías suponen un cambio en la totalidad de necesidades de la empresa y conlleva que todos los empleados deban estar implicados y aporten sus puntos de vista. Por esta razón, es necesario que, desde el inicio, todos los departamentos estén presentes en las diferentes fases. Existen tres maneras de llevar a cabo esta implicación: formación, seguimiento y ejemplaridad.

– Formación: debido a que los sistemas de educación no suelen ofertar las enseñanzas necesarias para afrontar los retos que plantea el mercado laboral del siglo XXI, son las empresas quienes deben ofrecer formación en capacidades digitales a su plantilla. Y los empleados son proactivos: según un estudio realizado por Accenture Strategy, el 71 % desean adquirir nuevos conocimientos técnicos y en herramientas digitales.

– Seguimiento: desde la empresa se debe acompañar y apoyar al empleado de forma duradera en el tiempo. Es decir, no basta con realizar varios talleres aislados sobre transformación digital, ya que la formación quedaría obsoleta en unos meses. Para suscitar y mantener el interés de los empleados, estos deben sentir que pertenecen a un proyecto participativo a largo plazo. Esto se logra informándoles en todo momento sobre los objetivos y avances conseguidos, y trabajando de forma colectiva, compartiendo conocimientos.

– Ejemplaridad: los líderes deben guiar a sus equipos integrando las herramientas tecnológicas en sus tareas cotidianas. Pedir a los empleados cambiar sus hábitos de trabajo sin que las altas jerarquías cambien los suyos puede abocar al fracaso a la transformación. Ya que los líderes encarnan la cultura digital de la empresa, es necesario que sean activos, sobre todo en redes sociales.

El papel más importante en esta implicación de todos los empleados es del CIO (Chief Information Officer), es decir, el director de IT. En concreto, su trabajo consiste en gestionar de forma estratégica las Tecnologías de la Información, plantear los proyectos -coordinando y distribuyendo los equipos- y controlar la calidad de las operaciones.

Impacto organizativo de la transformación digital: Industria 4.0 y gestión de talento 2.0
En un mundo VUCA, es necesario que las empresas revisen sus modelos de gestión para orientarlos al cliente y que puedan adaptarse de manera ágil al cambio, algo que se conoce como Agile Project Management. Las compañías deben ser flexibles y contar con equipos multidisciplinares sin funciones jerárquicas, donde la definición de roles sea más fluida.

Estos nuevos equipos de trabajo deben representar las necesidades del cliente, por lo que se debe realizar un seguimiento de aquellos que estén insatisfechos. Para responder a los interrogantes que se puedan plantear, como cuáles son las necesidades que la compañía no está cubriendo o los puntos débiles de su oferta, el Big Data será fundamental.

Para que todo este proceso se realice con éxito, es necesario que todos los empleados piensen y se comporten como nativos digitales. Y esta tarea, además de ser asumida por los nuevos líderes empresariales, debe estar impulsada por el departamento de recursos humanos y marcada por una gestión del talento 2.0.

Es indispensable organizar y planificar las tareas de cada empleado de manera individual, identificando en todo momento cuáles son sus carencias en conocimientos digitales, estableciendo cuál debe ser su formación y llevando a cabo su respectiva monitorización.

Creación de una cultura digital y su medición
Las empresas deben crear una cultura digital con un aspecto humano que impulse la innovación y aumente las actividades de la organización. Este proceso debe constituir un equilibrio perfecto entre tecnología y trato humano. Pero ¿cómo iniciar el camino hacia la cuarta revolución industrial? PwC establece seis pasos esenciales para tener éxito:

– Elaborar una estrategia propia de Industria 4.0. En primer lugar, es necesario evaluar la madurez digital de la empresa y fijar los objetivos para los próximos cinco años.

– Utilizar un proyecto piloto inicial. De este modo se puede comprobar si la estrategia es factible y tiene un verdadero potencial.

– Definir las capacidades necesarias. Gracias al piloto se podrán identificar más fácilmente las competencias que harán falta para concretizar el proyecto.

– Convertirse en un experto en análisis de datos. Este es el mayor reto para las empresas ya que, gracias a ellos, se mejoran los productos y los procesos.

– Completar la transformación digital. Una transformación completa es necesaria para conocer de forma óptima el potencial de la Industria 4.0.

– Preparar el nuevo ecosistema. Será necesario crear una gama completa de productos y servicios para los clientes.

En este proceso de transformación es imprescindible que las compañías sepan en todo momento en qué punto se encuentran y dónde deberían estar respecto al mercado. Para ello, es fundamental saber medir la madurez digital, un diagnóstico que se lleva a cabo mediante el Indicador de Madurez Digital (IMD). Este se basa en dos importantes factores: por un lado, en la capacidad de liderar las iniciativas digitales (aspecto relacionado con la estrategia y cultura de la empresa); por otro lado, en la capacidad de ejecutar la transformación digital (aspecto relacionado a las personas y la cultura empresarial, en la que los empleados son claves).

Las nuevas herramientas tecnológicas supondrán un antes y un después en la concepción del mundo laboral. La Industria 4.0, basada en la inteligencia, se adaptará a la idiosincrasia de la sociedad actual. Por eso, una transformación digital que tenga en cuenta el lado humano será sinónimo de productividad y optimización de los recursos.

Y tu empresa, ¿realiza cambios profundos más allá de la incorporación de tecnología?

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