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En cierto sentido podríamos decir que las empresas están en manos de sus mandos intermedios, dado que los encargados y jefes son los responsables de la operativa diaria de las compañías. Son gestores de equipo que necesitan, al igual que managers y directivos, desarrollar habilidades de liderazgo, ya que generalmente han accedido a su puesto gracias a un perfil altamente cualificado, pero habiendo recibido escasa o nula formación en lo que respecta a gestión de personas, retención de talento o resolución de conflictos. 



El perfil de los mandos intermedios es más táctico que técnico. No basta con que conozcan las particularidades de su sector, sino que además deben ejercer como intermediarios, lidiando a la vez con la plana directiva y con quienes han de ejecutar las tareas, por tanto, ocupan una posición sujeta a fuertes presiones. Así, el rol de encargados y jefes de área es de vital importancia para que el engranaje de una organización funcione a la perfección. El tema de la formación de líderes hoy en día se ha vuelto una prioridad para la agenda de RRHH, ya que son la clave en la productividad de los equipos y en la generación de compromiso. 

De hecho,  actualmente están en la mira de gran parte de las compañías, aunque solo en algunos casos toman las grandes decisiones, y más bien les corresponde planificar, ejecutar y controlar al grupo. No tienen el poder de los directivos y se encuentran muy cerca de los empleados, pero deben canalizar la visión y la estrategia de la empresa, asumir los objetivos corporativos y conseguir que los equipos lleven a cabo una actuación orientada a las metas. 



En este sentido, Randstad entrega algunos tips para que los mandos intermedios sean capaces de gestionar a las personas consiguiendo conjugar buenos resultados y fidelidad a la organización. El primer paso es implicar al Comité de Dirección, estableciendo un plan para promover y desarrollar las habilidades para alcanzar los más altos estándares en su desempeño. La clave reside en encuadrar el proyecto dentro de la estrategia de la empresa, impulsando un estilo de management participativo y acorde con la cultura corporativa. Los directivos de la compañía deben empoderar a los segundos y terceros niveles y confiar en ellos, preparándolos para dar el siguiente paso.



Antes, sin embargo, es fundamental diagnosticar la situación actual mediante herramientas como encuestas de clima laboral o entrevistas, tanto a los mandos intermedios como a los miembros de sus equipos. A partir de ahí, una vez definidos los valores corporativos y de liderazgo que se quieren transmitir, el siguiente paso es identificar las áreas de mejora y los objetivos personales y profesionales. La formación para el desarrollo de las habilidades puede ser individual o colectiva y no necesariamente en planes de capacitación formales, ya que existen distinta instancias tales como el mentoring o incrementar su participación en proyectos de gran envergadura para la organización.



Asimismo, tres aspectos se revelan esenciales: la capacidad para inspirar equipos y las habilidades comunicacionales; la creatividad, ya que las buenas ideas diferencian a unos líderes de otros; y la flexibilidad, para que sean capaces de adaptarse las cambiantes condiciones del mercado. Para reforzar esta experiencia, sería interesante abrir una plataforma online de best practices, donde los miembros de la comunidad puedan, de manera voluntaria, volcar sus experiencias y acceder a todo tipo de contenido multimedia acerca de los temas tratados.