la responsabilidad social corporativa, primero como responsabilidad individual

En más de una década despegó un concepto del que poco se hablaba hasta los últimos años del siglo XX, la responsabilidad social corporativa (RSC).

Algunas definiciones la han señalado como la integración voluntaria por parte de las empresas de preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones. Sin embargo, ahora, esta definición empieza a quedarse corta porque contempla a las empresas como entes impersonales y los expertos en management están pidiendo introducir el factor “personas” en la ecuación.

La pregunta que les lleva a hacerlo es: ¿podemos tener empresas responsables si quienes las llevan adelante día a día y toman decisiones de manera constante, es decir, los trabajadores, no lo son? De esta pregunta y de su respuesta (no, no podemos) nace un nuevo concepto: la responsabilidad social del empleado.

En inglés se habla de “employee social responsibility” (ESR) o “individual social responsibility”. Un concepto que no debe confundirse con la responsabilidad social hacia los empleados o responsabilidad social interna, que incluye políticas para incrementar el bienestar de los miembros de la organización a través de acciones de promoción de la conciliación profesional y personal, integración de la diversidad, la asunción de la igualdad, entre otros.

La ESR, employee social responsibility, eleva a los departamentos de Recursos Humanos o RSC al nivel de actores principales. En cambio, la ESR o responsabilidad social del empleado pone el foco en éste, no como receptor pasivo de acciones decididas en los departamentos de RRHH o RSC, sino como actor principal, como responsable último de todas y cada una de las actuaciones de una empresa.

La reflexión que da lugar al nuevo término, por lo tanto, parte de la base de que algo que se decide, se planifica y se gestiona desde la dirección de la organización, sin la involucración de todos aquellos que tienen que implementarlo en el trabajo diario, no conseguirá nunca ser más que una estrategia superficial sin calado profundo y real en la organización.

Para que las empresas se conviertan en agentes social y medioambientamente responsables de manera real todos los componentes del sistema deben reorientarse hacia esa dirección. Al fin y al cabo, son los trabajadores de todos los niveles los que toman las decisiones cada minuto del día y esas decisiones son las que reflejan unos valores u otros.

De la misma manera que en las últimas décadas las compañías han decidido reorientarse en todos los niveles y todos los ámbitos hacia el consumidor, hacia la consecución de su satisfacción y su fidelización, ahora ha llegado el momento de incorporar la ESR a la lista de valores corporativos. Así, para que una empresa sea social y medioambientalmente responsable, todos los miembros de la organización deben seguir esos valores.

Desarrollo y formación en valores
Más allá de los códigos y las normativas en responsabilidad social, que son importantes y necesarios como primer paso para implantar una cultura responsable en la organización, los esfuerzos deben centrarse en la formación y el desarrollo de los empleados en esta materia.

La manera de que todos los trabajadores, dentro de su ámbito de actuación, tomen decisiones éticas y responsables es que estén formados y capacitados en los valores de la RSC. De esta forma, además, se garantiza que la responsabilidad social tome parte en todas las decisiones de manera transversal.

En esta línea está lo que Michael Porter, profesor de Harvard Business School y autoridad mundial reconocida en tema de estrategia y desarrollo de empresas y países y aplicación de la competitividad empresarial a la solución de problemas sociales, medioambientales y sanitarios, denomina “la creación de valor compartido”.

Porter considera que ha habido una progresión, en la que la RSC es solo una primera toma de conciencia de la necesidad de las empresas de ser responsables para con el entorno, la comunidad en la que operan y las personas que la componen. Crear valor compartido implicaría que cada organización reformulara su manera de actuar y estableciera nuevos modelos para trabajar de manera integrada con administraciones e instituciones públicas y privadas en favor del progreso social, no solo económico.

También implicaría lo que otros expertos reclaman, incluso yendo más allá de la responsabilidad social del empleado, que todos los stakeholders de la organización se reorientasen hacia una actuación corporativa social y medioambientalmente responsable, no solo los trabajadores, sino que también los inversores, los consumidores y los proveedores.

La idea de fondo es que la función de las corporaciones ha cambiado, ya no deben centrarse en la generación de beneficios económicos como finalidad última y única, sino en la generación de ese valor compartido.

¿Se impondrá esta idea en un futuro próximo?​

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