La difícil tarea de decidir

Tomar decisiones es un proceso constante en la vida de las personas. Saber elegir un camino u otro es una de las encrucijadas más importantes a las que éstas se enfrentan; desde las opciones más banales hasta las más complejas (como la elección de la carrera profesional) determinarán el futuro de cualquier ser humano.

El terreno laboral es uno de los contextos en el que las consecuencias de nuestros actos tienen un peso significativo, ya que pueden derivar en el éxito o fracaso en la solución de algún problema o  proyecto corporativo. 

La última palabra en este sentido la suelen tener los altos cargos; sin embargo, se ha demostrado que en el día a día muchas coyunturas complicadas pasan también por otras manos. Las decisiones de managers, responsables de departamentos, gestores de equipos, o simplemente cualquier empleado con una tarea relevante, pueden marcar el futuro de sus empresas. Y es que una empresa, es la suma de todos.

Decidir y Síndrome de Hamlet
El miedo al riesgo, el exceso de confianza, la presión (externa e interna) o los imprevistos ocasionales pueden aparecer a la hora de decidir. 

Se conoce como Síndrome de Hamlet uno de los males derivados de estos problemas: la dificultad de escoger o decantarse por algo. Tal y como le ocurría al personaje de Shakespeare, se acaba por pensar mucho y actuar poco. 

Un responsable de un área de la compañía que, por ejemplo, transmite inseguridad y no distingue entre lo que piensa y lo que hace a la hora de coordinar a los trabajadores, tiene un gran problema. Quedarse atrapado entre el ser o no ser significa un perjuicio directo en la calidad del trabajo.

¿Cómo se puede, por tanto, afrontar con garantías la toma de decisiones? Una de las maneras de mejorar en la búsqueda de una conducta o acción adecuada para resolver un problema, es identificar y seguir una serie de procedimientos. 

Existen varios modelos y teorías relacionadas. En su libro “La verdad sobre la toma de decisiones”, Robert E. Gunther establece unas pautas para estar en disposición de tomar buenas decisiones:

1. Estar en un estado físico adecuado, con la suficiente energía y frescura para tener a disposición todas las capacidades intelectuales disponibles. 

2. Situarse fuera del entorno viciado para poder ver la problemática desde la distancia. Si bien es más complicado por la posible falta de tiempo disponible, cambiar de ambiente puede proporcionar esas soluciones que parecía imposible alcanzar en el puesto de trabajo.  

3. Establecer un sistema del proceso: 

  • Identificar el problema y el objetivo (seleccionar un trabajador para un nuevo puesto, por ejemplo)
  • Seleccionar los criterios (experiencia, formación, resultados de la entrevista personal)
  • Sopesarlos (¿la formación es más importante que la experiencia?)
  • Creación de un proceso que genere alternativas (un mínimo de cinco candidatos para el puesto)
  • Evaluar las alternativas
  • Elegir la mejor opción (contratar)

4. Reconocer el estilo y la personalidad de cada uno para poder justificar las decisiones del presente y mejorar las del futuro. Puede resultar beneficioso para todos que las decisiones no se tomen de una forma clásica y vertical. 

Delegar y analizar la manera en la que se deciden las cosas puede ayudar a mejorar a cualquiera que pretenda gestionar sus tareas de una manera adecuada.  

¿Tu responsable directo te da la opción de aportar ideas de valor?, ¡Decidir es difícil para todos!

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